Santa Cruz De Tenerife, 19 may (EFE).
– El ciudadano ruso acusado de incendiar y causar daños en la habitación de un hotel en Santa Cruz de Tenerife ha afirmado este lunes que es víctima del odio hacia su país por la guerra de Ucrania y no cree en la justicia española, por lo que recurrirá a los tribunales europeos.
La detención tuvo lugar en julio de 2024 cuando el recepcionista se dio cuenta de que salía humo de la habitación por lo que llamó a la policía.
Al llegar encontraron el cuarto sucio, destrozado y con múltiples daños cuantificados en 5.
600 euros de los que la compañía de seguros abonó 4.
500 por lo que el fiscal pide que desembolse la totalidad, más otros 2.
000 por daños morales.
El Ministerio Público aceptó en el juicio celebrado hoy en la Audiencia Provincial tinerfeña rebajar de once años a cinco y un día su petición de pena de cárcel, al considerar probada su autoría y rechazar sus argumentos de que el fuego y los destrozos los originaron otras dos personas desconocidas.
El acusado se declaró inocente y el abogado defensor pidió su libre absolución al considerar que no se había podido demostrar fehacientemente su autoría ya que nadie le vio incendiando la habitación.
El procesado rechazó a su abogado de oficio porque nunca lo fue a visitar a la cárcel, lo que éste reconoció pero dijo que se había entrevistado dos veces con él en los Juzgados y se mostró preparado para participar en la vista.
El encausado pidió que interviniera otro letrado que había puesto a su disposición su familia, pero el Tribunal se negó al coincidir con el fiscal en que se trataba de una argucia para retrasar el juicio.
Entonces el encausado preguntó dónde se encontraban los doce miembros del jurado, que según él exige la ley europea que estén presentes, a lo que el juez le respondió que no se contemplaba de la misma manera en la española.
El hombre, que permanece desde entonces en prisión provisional, se quejó de que la pena solicitada de once años es equivalente a la de alguien que ha cometido un asesinato, no sabía de qué se le acusaba pero en el último turno de palabra aceptó pagar los gastos que se hubiesen generado.
Pocos días antes había causado otro altercado en un establecimiento hotelero distinto y también se procedió a su identificación cuando estaba en una gasolinera con la manguera abierta de cuclillas, sin vehículo y amenazando con prender fuego a un paquete de tabaco.
En un primer momento culpó a dos desconocidos de haberle causado un golpe en el ojo, incendiar el hotel y destrozar la habitación y aseguró que fue él quien acudió a comisaría a presentar la denuncia pero luego dijo que el golpe se lo habían dado los agentes cuando lo detuvieron.
Esa noche del 4 de julio los policías acudieron en dos ocasiones, primero sobre las once cuando llamaron desde recepción asegurando que estaba protagonizando un altercado y luego cuando se inició el fuego y lo detuvieron en el exterior del establecimiento.
La defensa preguntó en varias ocasiones a los testigos si habían encontrado restos de sangre en el cuarto pero ninguno pudo asegurarlo con rotundidad, dado que existían manchas en las paredes de todo tipo y el lavabo estaba tupido con un líquido oscuro que resultaba desconocido.
El recepcionista recordó que el hombre llevaba días causando molestias entre los residentes y que aquella noche se alteró porque no llegaba una pizza que había encargado y cuando le intentó llamar al orden se bajó los pantalones dos veces para orinar en su presencia.
Calificó el estado de la habitación como “dantesco, de una secta satánica”, por lo que grabó un video en el que se observan destrozos, suciedad, heces incluidas, desorden, multitud de botellas y elementos quemados aunque el fuego no se propagó por las medidas contraincendios.
La policía dice que la primera vez que acudieron estaba tranquilo y no presentaba demasiado síntomas de ebriedad pero la segunda ya estaba alterado, se notaba que había bebido, tenía una cerveza en la mano, se le intervino un mechero y procedió a su detención.
La dueña cuantificó en 5.
600 euros el coste de los daños ocasionados de los que el seguro les había pagado 4.
500 pero se negaron a abonar los daños en la puerta en la que aparecían arañazos muy marcados.
El hombre había pagado la estancia e incluso algunos días más pero no una reserva posterior que no llegó anular que sumaba unos 200 euros y que también reclaman los dueños del hotel.
Las peritos negaron que fuera esquizofrénico como él aseguró o que tomara medicación alguna y señalaron que en realidad lo que presentaba era alteraciones y comportamiento antisocial por lo que llegó a ingresar en un hospital tras una intoxicación por cannabis, donde también destrozó la habitación.
La Fiscalía de Santa Cruz acusa a un hombre del delito de incendio intencionado con riesgo de propagación a las personas por prender fuego a un establecimiento hotelero en el que residía, o alternativamente de causar daños agravados por lo que pide 11 años de prisión por el primer delito o 21 meses por el segundo.
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