Alertan de un proceso de «homogeneización faunística» en los artrópodos del Teide

Santa Cruz de Tenerife, 25 jun (EFE).

– Investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL) han analizado el impacto del cambio climático en la biodiversidad de artrópodos del Parque Nacional del Teide y han alertado de un proceso de «homogeneización faunística».

Según ha informado la ULL en un comunicado, el estudio, liderado por Nuria Macías y Carlos Ruiz, del grupo de investigación Sistemática, Biogeografía y Evolución de Artrópodos de Canarias, ha consistido en un análisis comparativo de la biodiversidad de artrópodos del Parque respecto a la muestreada hace 30 años con el fin de comparar y analizar los cambios producidos en la fauna de uno de los ecosistemas de alta montaña más singulares de Europa.

Para ello, se llevó a cabo una campaña intensiva de muestreo entre 2024 y 2025 en la que se reprodujeron los protocolos originales en 12 localidades representativas del Parque, seleccionadas por su diversidad de hábitats y condiciones ambientales, y se combinaron distintas técnicas de captura y observación.

Asimismo, se realizó un análisis del impacto del cambio climático con el objetivo de establecer posibles relaciones entre el declive de las comunidades de artrópodos, el aumento de las temperaturas y la transformación de la vegetación en las áreas estudiadas.

Nuria Macías ha destacado que, por ejemplo, en términos de diversidad se constató una elevada riqueza biológica de artrópodos, con más de 21.

000 individuos registrados y más de 500 taxones identificados.

Los investigadores han subrayado, además, el hallazgo de 57 especies no citadas previamente en el Parque Nacional.

No obstante, al comparar estos datos con los obtenidos hace tres décadas se observa una disminución en la diversidad de especies y cambios en la estructura de las poblaciones, que tienden a la homogeneización.

«Este descenso no afecta por igual a todos los grupos: los insectos de los órdenes Diptera (moscas y mosquitos) e Hymenoptera (abejas, avispas y hormigas) figuran entre los más perjudicados.

Los datos evidencian no solo la pérdida de determinadas especies, sino también procesos de reemplazo y una creciente tendencia hacia la homogeneización faunística», ha manifestado.

Daniel Suárez, también participante en este proyecto, ha señalado que estos patrones apuntan a una pérdida de la singularidad entre las parcelas analizadas.

Además, se realizaron censos de vegetación siguiendo la misma metodología que en los 90 y los resultados confirmaron cambios notables en la composición vegetal, con una disminución de la retama y un aumento de especies como el rosalito de cumbre.

De este modo, han señalado que estas transformaciones, junto con el incremento de las temperaturas, estarían contribuyendo a los cambios observados en los artrópodos.

De forma complementaria, se llevó a cabo la secuenciación de códigos de barras de ADN en grupos como arañas, coleópteros y polinizadores, con el fin de crear una librería genómica de referencia.

El objetivo de este esfuerzo es avanzar progresivamente en la creación de un banco de datos que reúna la información genética de las especies presentes en el Parque.

Este enfoque ya ha permitido identificar especies crípticas, es decir, aquellas morfológicamente idénticas o muy similares, pero genéticamente diferenciadas y aisladas entre sí.

«Otra de las ventajas de la secuenciación de estos grupos taxonómicos es que permite analizar su historia evolutiva, denominada diversidad filogenética, y su diversidad funcional a lo largo de los últimos 30 años», ha añadido la ULL.

Los investigadores destacan que muchas de estas especies de invertebrados, en gran parte endémicas, desempeñan funciones esenciales en sus ecosistemas y forman complejas redes ecológicas, por lo que el objetivo no era únicamente determinar cuántas especies de artrópodos habitan en el Teide, sino también comprender si se ha visto modificado el papel que desempeñan en la naturaleza.

Daniel Suárez ha señalado que no se han producido cambios significativos en estos dos componentes de la diversidad, lo que sugiere que el reemplazo de especies no ha conllevado modificaciones sustanciales en las funciones ecológicas ni en la historia evolutiva de las comunidades.

Los investigadores añaden que estos hallazgos evidencian la vulnerabilidad de los ecosistemas montanos insulares, que actúan como refugios biológicos frente al calentamiento global.

«La menor diversidad observada entre los distintos puntos de muestreo en la década de 2020 apunta a una pérdida de la betadiversidad espacial característica de los gradientes de alta montaña», ha planteado la institución académica.

Asimismo, los análisis identifican la temperatura y la precipitación como los principales factores que explican estos cambios.

Por un lado, el aumento de las temperaturas mínimas parece favorecer la llegada de especies procedentes de zonas más bajas, lo que puede incrementar el número total de especies.

Por otro, el incremento de la temperatura media tiene un efecto negativo al reducir la diversidad biológica.

La precipitación anual, además, se revela como un factor clave para determinar qué especies pueden persistir en este entorno más seco, al influir directamente en la supervivencia de sus poblaciones.

«En conjunto, la evidencia de estos cambios estructurales en la entomofauna pone de relieve la necesidad de implementar programas de seguimiento biológico a largo plazo, así como de actualizar las estrategias de conservación, con el objetivo de mitigar la pérdida de biodiversidad y preservar las funciones ecosistémicas en este importante punto caliente de biodiversidad», concluye el estudio.

EFEcmg/asd