Santa Cruz de Tenerife, 29 jul (EFE).
– Un equipo internacional liderado por la Universidad de Granada (UGR) y con participación de la Universidad de la Laguna ha demostrado cómo los cadáveres de los animales aportan información que va, entre otros aspectos, desde el comportamiento individual de las especies hasta la propagación de enfermedades y la contaminación ambiental.
El estudio ha sido publicado en la revista Biological Reviews y desarrollado por un equipo internacional de 39 investigadores adscritos a instituciones científicas de once países, entre ellos Zebensui Morales Reyes, investigador del Departamento de Biología Animal, Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna.
Una nota de la Universidad indica que el trabajo sintetiza más de veinte años de avances sobre la ecología de la carroña y en el los autores analizan qué gana la ciencia cuando incorpora la carroña a su forma de interpretar la naturaleza, desde el comportamiento individual de los animales hasta el funcionamiento de los ecosistemas y la evolución del propio ser humano.
Según este equipo académico, la carroña ha sido tradicionalmente considerada un recurso secundario consumido solo por algunas especies concretas, como buitres y hienas y, sin embargo, los estudios recientes muestran que desempeña un papel mucho más amplio y profundo.
“Los cadáveres animales generan puntos de concentración de nutrientes, organismos e interacciones biológicas que influyen fuertemente en la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas terrestres y acuáticos”, explica Marcos Moleón, profesor del Departamento de Zoología de la UGR e investigador de este trabajo.
La revisión revela que la carroña permite reinterpretar algunas ideas fundamentales en ecología y como ejemplo citan que existen numerosas formas de cooperación mutua que dan lugar a la coexistencia de las especies que compiten por la carroña.
También destacan que la carroña influye en las poblaciones de herbívoros, contribuye a la estabilidad de los ecosistemas e incluso establece conexiones con redes ecológicas tan dispares como las de polinización, mediante relaciones que van mucho más allá de quién se come a quién.
Aparte de ser una nutritiva fuente de alimento, los cadáveres animales proporcionan materiales para la construcción de nidos, herramientas y ornamentos, funcionan como centros de información y comunicación entre individuos de la misma especie, y sus restos ofrecen estructuras donde numerosas especies pueden asentarse y refugiarse.
“Estamos descubriendo que muchos procesos ecológicos no pueden comprenderse plenamente si se ignora el papel de la carroña”, explica Eneko Arrondo Floristán, investigador de la UGR que coordina este trabajo junto a Marcos Moleón.
“Al estudiar los animales carnívoros, durante décadas nos hemos fijado sobre todo en su faceta depredadora, pero reconocer que también pueden ser carroñeros acarrea consecuencias ecológicas de gran alcance”, añaden los científicos.
Según el estudio, las implicaciones de la carroña trascienden la ecología y recuerdan que en ciencias forenses, conocer con detalle los procesos de descomposición mejora la estimación del tiempo transcurrido desde la muerte.
En epidemiología, comprender cómo diferentes especies utilizan los cadáveres ayuda a entender el papel de los carroñeros a la hora de reducir la propagación de enfermedades y en toxicología, determinadas especies carroñeras funcionan como excelentes centinelas de la contaminación ambiental.
“La ecología de la carroña aporta nuevas herramientas para interpretar yacimientos arqueológicos y fósiles, comprender la evolución de los animales y replantear algunas hipótesis sobre el consumo de carne por parte de los primeros humanos”, recuerda Marcos Moleón.
También ofrece nuevas perspectivas sobre el análisis de la percepción social de los animales carnívoros y los beneficios que los carroñeros proporcionaron a los antepasados del ser humano, y que siguen proporcionando a las sociedades modernas.
Además, este tipo de estudios brindan nuevas soluciones a problemas relacionados con el seguimiento y conservación de la biodiversidad.
La principal conclusión del trabajo es que la carroña no debe entenderse como un recurso marginal, sino como un componente central de los ecosistemas.
Por ello, el equipo investigador propone reconocer formalmente la ecología de la carroña como una disciplina científica diferenciada y presentan un marco conceptual que integra sus múltiples funciones ecológicas y su conexión con otras disciplinas.
“Lo más importante no es solo que hoy sepamos mucho más sobre la carroña que hace veinte años”, señalan sus autores.
EFEspf/cmg