Un estudio cuestiona la superioridad del ojo humano para comunicar con la mirada

Las Palmas de Gran Canaria, 3 ago (EFE).

– Un estudio que lidera la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria cuestiona la “hipótesis del ojo colaborativo”, que establece que la esclerótica (la parte blanca) del ojo, carece de pigmentación para facilitar que otros individuos de nuestra especie puedan seguir más fácilmente la dirección de nuestra mirada.

Esto, según la hipótesis, favorece la colaboración sin tener que mediar palabras y nos hace únicamente colaborativos entre todos los primates, informa la universidad en un comunicad.

El profesor e investigador del programa Beatriz Galindo, adscrito al Departamento de Filología Moderna, Traducción e Interpretación al Instituto de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias, Juan Olvido Perea García, ha desarrollado ya varios trabajos en torno a esta cuestión.

En este caso se propuso comprobar si realmente el ojo humano es el más eficaz para comunicar la mirada o si, por el contrario, los ojos de otros primates presentan alguna ventaja con la que no contaría la especie humana.

Para ello, diseñó un experimento con una modelo humana en vivo que miraba hacia distintos puntos detrás de los participantes, que debían indican hacia dónde creían que miraba.

El estudio manipuló tres factores: la apariencia del ojo, la distancia entre la modelo y los participantes, y la iluminación de la sala.

En una de las condiciones, la modelo tenía su apariencia ocular natural, con esclerótica clara, similar al patrón más habitual en humanos.

En la otra, utilizaba lentillas esclerales negras que oscurecían la región blanca del ojo y creaban una apariencia más parecida a la de algunos primates no humanos (como los chimpancés), con una zona oscura alrededor del iris.

El experimento incluyó condiciones de luz intensa y de penumbra, así como distancias cortas y largas.

En total, los participantes completaron 4.

800 ensayos.

Los resultados mostraron que la apariencia similar a la de otros primates produjo menos errores en condiciones de poca luz y a corta distancia.

En cambio, la apariencia humana produjo los mejores resultados en condiciones de luz intensa y a mayor distancia.

Los resultados, si bien como señala el propio Perea García, no explican por sí solos cómo evolucionaron los ojos humanos o los de otros primates, sí sugieren que los ojos de los primates podrían estar ajustados no solo para ver, sino también para ser vistos bajo condiciones concretas de luz, distancia que se dan, por ejemplo, bajo el follaje denso de la jungla.

Al igual que los picos de los pinzones estudiados por Darwin se entienden cuando se ponen en relación con el alimento típico de cada especie, la diversidad de apariencias oculares en los primates podría reflejar distintas soluciones para comunicar la mirada en contextos de ecología visual específicos.

Perea García asegura que “estos resultados cuestionan la idea de que el ojo humano sea una solución universalmente superior para comunicar la mirada.

Lo que observamos es que distintos tipos de ojos pueden funcionar mejor en contextos distintos.

En condiciones de penumbra y cercanía, una apariencia similar a la de algunos primates no humanos puede ser más eficaz que la humana”.

EFEas