Santa Cruz de Tenerife, 26 ago (EFE).
– Cuanto más se prolonga la estancia de una persona en un centro de acogida para personas en situación de sinhogarismo, menor es el uso de estrategias integradoras como la negociación para afrontar los conflictos, según un estudio de la Universidad de La Laguna (ULL).
La investigación, publicada en ‘Aposta.
Revista de Ciencias Sociales’, analiza cómo 91 personas usuarias del Centro Municipal de Acogida de Santa Cruz de Tenerife interpretan y afrontan los conflictos cotidianos durante su estancia en este tipo de recursos.
El trabajo ha sido realizado por José Manuel Díaz, profesor del Departamento de Ciencias de la Comunicación y Trabajo Social; Juan Antonio Rodríguez, del Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia, la Educación y el Lenguaje; y Manuel José Rosales, del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación.
Uno de los principales resultados es que, a medida que aumenta el tiempo de permanencia en el centro, disminuye el recurso a estrategias integradoras como la negociación y también se reduce la tendencia a atribuir causas externas a los conflictos.
Los autores apuntan que este patrón puede reflejar procesos de adaptación al entorno institucional, pero también cierto desgaste emocional asociado a estancias prolongadas.
El estudio constata además que los conflictos forman parte de la vida cotidiana en los centros de acogida y que entre las situaciones más frecuentes figuran los comentarios ofensivos, los robos entre residentes, las agresiones físicas y los desencuentros relacionados con la intervención del personal educativo.
La forma de responder varía, no obstante, en función de la experiencia previa de cada persona.
Quienes han vivido directamente una determinada situación tienden a elaborar interpretaciones más definidas sobre sus causas y sobre las intenciones de las personas implicadas, además de utilizar un repertorio más amplio de estrategias para afrontarla.
En cambio, quienes únicamente plantean cómo actuarían ante un conflicto que no han experimentado ofrecen respuestas más hipotéticas y menos complejas.
La investigación también aprecia diferencias según el tipo y la intensidad del conflicto.
Ante comentarios ofensivos predominan las estrategias de evitación, mientras que en situaciones más graves, como los robos de pertenencias o las agresiones físicas, aumentan las respuestas integradoras, entre ellas la mediación y la negociación.
Al mismo tiempo, en los conflictos de mayor intensidad aparecen con más frecuencia estrategias dominantes, como la afirmación del poder o el recurso a la violencia.
En las situaciones en las que interviene el personal del centro, el estudio observa un equilibrio entre las estrategias orientadas al diálogo y otras basadas en la aceptación o la sumisión, algo que los investigadores relacionan con el peso de las relaciones de autoridad dentro de estos espacios institucionales.
El trabajo identifica asimismo diferencias vinculadas al sexo y la edad.
Los hombres tienden a atribuir con mayor frecuencia causas externas e intenciones negativas cuando no han vivido personalmente el conflicto, mientras que las mujeres recurren en mayor medida a estrategias de aceptación en determinadas situaciones.
Por su parte, las personas de mayor edad utilizan con más frecuencia la mediación y la evasión frente a respuestas más confrontativas.
Los investigadores consideran que estos resultados muestran la necesidad de adaptar las intervenciones socioeducativas a las características y experiencias de cada persona y de favorecer una participación más activa de los residentes en la resolución de conflictos.
También proponen incorporar enfoques restaurativos y educativos que faciliten la convivencia, reduzcan la conflictividad y refuercen la autonomía de las personas en situación de sinhogarismo que residen en centros de acogida.
EFEcmg/jmor