Carlos Mateos GilMadrid, 5 oct (EFE).
– El que estaba llamado a ser el partido más importante en la historia del modesto Sporting de Hortaleza, ese en el que podían certificar su cruce con un equipo de la máxima categoría del fútbol español en la Copa del Rey si conseguían hacer bueno a domicilio el 1-0 de la ida contra el Atlético Güímar canario, se convirtió en ‘una pesadilla’ en palabras de su capitán Diego Rojas a EFE.
El cuadro madrileño fue víctima de un recibimiento hostil en los prolegómenos y en el césped, lo que llevó a este a tomar la decisión de no jugar al considerar que la seguridad de su expedición no estaba garantizada.
El futuro de la eliminatoria queda ahora en el aire, a la espera de lo que decida la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y con el Sevilla como futuro rival.
«El momento en el que más miedo pasé fue la llegada a la llegada al estadio porque me encontré en un autobús encerrados treinta personas, gente que aprecio mucho, y viendo de frente subiendo por una calle a veinte personas encapuchadas con objetos que no sabíamos lo que eran en sus manos intentando acceder a nuestro autobús», señala.
«También mi familia viajó y ahí sufrí sobre todo por ellos, porque no sabía qué podía pasar, si algún energúmeno iba a querer agredir a gente que fuera del Sporting de Hortaleza», explica después de que la noche anterior encapuchados encendieron fuegos artificiales a la puerta del hotel a las cuatro de la madrugada y de una semana en la que se sucedieron las amenazas en las redes sociales a jugadores y familiares», indica.
Sin embargo los incidentes no se quedaron solo en la puerta sino que se replicaron también en el interior: «Había gente insultándonos, escupiéndonos, llegamos incluso alguna persona a ver un machete en una parte del estadio.
No sentíamos que estuviéramos seguros.
Un jugador de su equipo se acercó a increpar a uno nuestro.
En ese momento yo me puse delante diciendo que no había empezado el partido y es cuando recibí un bofetón y un botellazo».
«Ese bofetón me lo da un jugador que fue expulsado a la ida también una agresión dentro del campo.
No debía haber jugadores expulsados ni personas del cuerpo técnico también expulsadas en el momento de salir al campo y allí estaban.
Y el entrenador de su equipo agredió a nuestro preparador físico, Paúl Haro, con un puñetazo en la cara, que hay un parte de lesiones», agrega.
Así lo confirma el propio Haro: «El entrenador vino directamente hacia nosotros a amenazarnos, ni siquiera a saludarnos.
La primera palabra que vino de él fue de forma despectiva diciendo que nos vamos a cagar, que no sabemos a dónde hemos venido.
Un jugador mío se levantó a pedir un poco de respeto y el entrenador se acercó más él.
Yo me coloqué en la mitad de los dos y el entrenador me tiró de la oreja hacia abajo forcejeando».
«Mi instinto normal como el de cualquier otra persona fue el de defenderme, con un empujón intenté esquivarlo.
El entrenador se fue, nosotros regresamos a nuestro banquillo, y es cuando vino y en tono agresivo me dijo que estaba en su casa y me dio un puñetazo en la cara.
Intenté defenderme, no le propiné ningún golpe porque él me golpeó y se fue hacia atrás y luego de eso llegó un portero, suplente me parece, a toda velocidad, y me dio una patada en el muslo izquierdo», comenta.
Las secuelas aún las nota: «Tengo un poco inflamada la parte izquierda de la cara y tengo moratones y dolores en el muslo de la patada que me dio el portero.
Ayer durante todo el día tuve un dolor de cabeza brutal.
Y noto dolores en el cuello.
El golpe que me dio no lo vi venir.
Yo soy ecuatoriano, jugaba ahí y he vivido cosas como que los equipos contrarios nos reciban con huevos.
Pero que previo a un partido, en el campo ya, se te acerquen a amenazar y a pegar no lo he vivido nunca».
Por todo ello renunciaron a la disputa del choque antes del arranque del mismo: «Es una decisión que tomamos entre todos.
Yo veía a mis jugadores destrozados mentalmente, con miedo, porque es que lo hablábamos, no sabíamos si íbamos a salir de allí.
¿Qué ocurriría si íbamos 0-2 ó 0-3 en el minuto 90? nadie nos aseguraba que no saltara una persona de esas que estaban con los machetes en la grada a pegarnos».
«No nos ganamos la vida con esto, somos gente que hoy lunes teníamos que ir trabajar, que teníamos que estudiar, que teníamos gente en casa esperándonos.
Algunos son padres de familia.
No podíamos arriesgarnos a algo así y la decisión creo que ha sido la más acertada», razona.
Rojas insiste en no ver «muy acertado el comentario de que la seguridad estaba garantizada por parte de los árbitros»: «No les vimos aparecer y cuando nosotros sentimos que estábamos en peligro tampoco estaban ellos a nuestro lado.
Entiendo la presión que tienen y todo lo que cae sobre ellos, pero no se puede poner en un acta la información sin estar completamente seguros de lo que vieron y de lo que pasó allí».
Ahora esperan una resolución: «Todavía no tenemos noticias.
Hemos trasladado todos los vídeos, que por suerte tenemos muchos.
La Federación madrileña que nos ha apoyado desde el primer momento nos han dicho que tomamos la decisión correcta y que si no estábamos seguros, eso no podía darse».
«Era el partido más importante de nuestra vida y queremos jugarlo, si tenemos la posibilidad, en un campo neutral a puerta cerrada y con toda la seguridad en el que nos enfrentemos once contra once en un terreno de juego.
Lo que no queremos es que se plantee en ningún momento que se le dé el partido por ganado al Güímar porque lo único que harían es demostrar que la violencia tiene cabida en los estadios y sentaría un precedente muy peligroso.
Que nos den el partido ganado a nosotros también es una opción, pero si la decisión es jugar estamos de acuerdo con ello», completa.
Sea como sea, esperan no volver a vivir algo así: «Más que miedo tenemos una sensación entre frustración y un poco de rabia por lo ocurrido ayer.
Llevo toda la vida jugando al fútbol y no había vivido una situación así en mi vida, ni pensaba llegar a vivirla.
Algo que para nosotros iba a ser un sueño, jugar un partido que lo definíamos como el partido más importante de nuestra vida, acabó siendo una pesadilla».
EFEcmg/jl