Santa Cruz de Tenerife, 6 oct (EFE).
– Los guacamayos barba azul (Ara glaucogularis), una especie de loro en peligro crítico de extinción y endémica de Bolivia, son capaces de aprender nuevas formas de resolver problemas físicos copiando a otros guacamayos.
Así lo revela un estudio publicado en la revista Royal Society Open Science por investigadores del Instituto Max Planck de Inteligencia Biológica, con sede de investigación en Loro Parque y en colaboración con Loro Parque Fundación.
Los resultados indican que las aves hicieron mucho más que sentirse motivadas a acercarse a un objeto novedoso tras ver a otro congénere interactuar con él, ya que copiaron características específicas de la solución observada, como la dirección del movimiento y la parte del dispositivo que debía manipularse, según explica una nota del zoológico tinerfeño.
La bióloga Esha Haldar y su equipo estudiaron a 15 guacamayos barba azul con dos tareas de resolución de problemas bidireccionales, es decir, con dos soluciones posibles.
En la tarea de la puerta, un panel deslizante podía moverse hacia arriba o hacia abajo mediante un pomo y en la tarea del tapón, un corcho podía empujarse hacia dentro o extraerse tirando de él para acceder al alimento.
Cinco aves del grupo de control resolvieron primero las tareas sin ver ninguna demostración, todas prefirieron mover la puerta hacia abajo y extraer el tapón y después diez guacamayos adultos y subadultos observaron a otros ejemplares ejecutar justo las soluciones menos naturales, mover la puerta hacia arriba y empujar el tapón hacia dentro.
El resultado fue que la mayoría de las aves que habían observado la demostración adoptaron la solución aprendida y la ejecutaron usando el mismo elemento del dispositivo, el pomo, algo que ninguna de las aves del grupo de control hizo por iniciativa propia.
“El hallazgo importante es que los guacamayos no aprendieron simplemente que el problema podía resolverse.
Copiaron detalles de la solución demostrada, como la dirección del movimiento y la parte del dispositivo que podía manipularse» explica Esha Haldar, autora principal del estudio.
La nota recuerda que los loros viven en sociedades muy complejas en las que los individuos tienen innumerables oportunidades de observarse y aprender unos de otros y cuando una variante de conducta se transmite una y otra vez entre los miembros de un grupo, puede acabar convirtiéndose en una tradición compartida.
“Si los individuos pueden aprender de otros los detalles de comportamientos eficaces, estos comportamientos pueden propagarse dentro de un grupo y persistir a lo largo de generaciones.
Esto proporciona una importante vía potencial para la aparición de tradiciones conductuales”, afirmó la doctora Auguste von Bayern, autora sénior del estudio.
El trabajo se suma a otro hallazgo pionero del mismo equipo, publicado en 2025 en Scientific Reports también con guacamayos barba azul de Loro Parque, que demostró que estas aves son capaces de imitar a terceros, una habilidad que hasta entonces solo se había documentado en humanos.
El director científico de Loro Parque Fundación, Rafael Zamora, destaca la importancia de unir investigación y conservación.
“Cuanto mejor entendamos cómo aprenden y cómo se transmiten el conocimiento entre ellos, mejor podremos diseñar estrategias de conservación que tengan en cuenta su comportamiento social, tanto en cuidado humano como en la naturaleza.
Esta colaboración con el Instituto Max Planck demuestra que un centro como Loro Parque puede ser también un laboratorio de ciencia puntera”, añade Zamora.
EFE
spf