El Hospital La Candelaria atiende 300 casos de ictus al año

El Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, centro adscrito a la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, atiende una media de 300 casos de ictus al año, de los que aproximadamente 250 son de tipo isquémico, es decir, se producen cuando un coágulo obstruye un vaso sanguíneo e impide que la sangre llegue a una parte del cerebro.

El ictus es una patología cerebrovascular que requiere una actuación inmediata, ya que la interrupción del flujo sanguíneo puede provocar daños en las células cerebrales en pocos minutos. Por ello, reconocer los síntomas y avisar cuanto antes a los servicios sanitarios resulta fundamental para facilitar el diagnóstico y el acceso al tratamiento adecuado.

El complejo hospitalario cuenta desde hace 25 años con una unidad de Ictus en la que trabajan de forma coordinada profesionales de Neurología, Neurorradiología, Radiología Intervencionista, Medicina Intensiva, Cirugía Vascular, Cardiología, Rehabilitación y Enfermería. Esta colaboración permite abordar las distintas necesidades de los pacientes durante la fase aguda de la enfermedad y planificar los cuidados posteriores.

Reconocer los síntomas y actuar con rapidez

Los profesionales del servicio de Neurología recuerdan que el ictus puede manifestarse mediante una pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en las extremidades, la caída de un lado de la cara o dificultades para hablar o comprender lo que dicen otras personas. También pueden aparecer alteraciones repentinas de la visión, pérdida del equilibrio o un dolor de cabeza intenso de inicio súbito.

Ante cualquiera de estos síntomas, es necesario llamar inmediatamente al 112, aunque solo se manifieste uno de ellos o desaparezca al cabo de unos minutos. La rapidez en la atención es determinante para que los profesionales sanitarios puedan valorar cada caso y decidir el tratamiento más adecuado.

Entre las opciones terapéuticas para determinados ictus isquémicos se encuentra la trombectomía mecánica, un procedimiento mínimamente invasivo que permite extraer el coágulo responsable de la obstrucción mediante un catéter introducido a través de los vasos sanguíneos.

La indicación de esta técnica y el tiempo del que se dispone para aplicarla dependen de las características de cada paciente y de los resultados de las pruebas diagnósticas. Por este motivo, una atención temprana facilita la evaluación y el acceso a los tratamientos que puedan estar indicados.

Continuidad asistencial después del alta

La atención a las personas que han sufrido un ictus no termina con el alta hospitalaria. La recuperación puede requerir seguimiento clínico, rehabilitación, adaptación de los cuidados y coordinación entre distintos profesionales para responder a las necesidades de cada paciente.

En este contexto, el servicio de Neurología impulsa, desde marzo de este año, un modelo de continuidad asistencial que promueve la atención a los pacientes una vez que reciben el alta hospitalaria, mediante la coordinación entre los profesionales hospitalarios, encabezados por la enfermería de continuidad de cuidados.

El proyecto cuenta con la participación de neurólogos, personal de enfermería, Trabajo Social, Nutrición y Rehabilitación y de Atención Primaria, quienes mantienen reuniones semanales para revisar los casos, valorar las necesidades de cada paciente y establecer las medidas necesarias para garantizar una transición segura al domicilio.

Prevenir complicaciones durante la recuperación

Dentro de los cuidados que requieren las personas que han sufrido un ictus, la detección de la disfagia orofaríngea ocupa un lugar importante. Esta alteración, que dificulta la deglución, puede provocar complicaciones como la deshidratación, la desnutrición o las neumonías por aspiración si no se identifica y trata adecuadamente.

El hospital incorporó en 2024 un protocolo de detección precoz de esta disfagia, que permite identificar las dificultades para tragar y establecer las medidas necesarias en cada caso.

La detección de este problema permite adaptar el tratamiento nutricional, proporcionar educación sanitaria al paciente y su entorno y facilitar el acceso a recursos como la logopedia.