Santa Cruz de Tenerife, 27 jul (EFE).
– El Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, ha reivindicado este lunes «el coraje de la moderación» como una actitud imprescindible para preservar la convivencia democrática y los derechos humanos frente a la «cultura del grito», la polarización y la confrontación.
Gabilondo, que ha ofrecido una conferencia en el II Campus Internacional Ciudad de La Laguna, ha defendido que es momento de determinación en la defensa y ampliación de los derechos humanos y abandonar la desidia y la resignación.
Las sociedades democráticas acreditan su fortaleza por su capacidad para defender a quienes «no son productivos ni rentables», es decir, a las personas vulnerables, sean niños, mayores o extranjeros.
A su juicio, «el coraje de la moderación no consiste en callar por cobardía, sino en hablar sin odio», una actitud que se encuentra amenazada por «una cultura del grito, de la urgencia, de la simplificación, de la cancelación del diferente y del desprecio al adversario».
Para el Defensor del Pueblo, la educación en sentido amplio y humanista, no entendida solo como preparación para participar en el sistema productivo, es el principal espacio para cultivar la escucha, el encuentro, la reflexión y el respeto.
En esa línea, la democracia no es solo «un mecanismo electoral o una estructura institucional», sino «participación y acuerdo, encuentro y diálogo».
Para Ángel Gabilondo, la calidad democrática está vinculada expresamente con la protección de los derechos humanos, en los que se sustenta la libertad, la justicia y la paz.
El Defensor del Pueblo ha abogado por la necesidad de ampliar la protección de los derechos ante las nuevas realidades sociales y tecnológicas, así como reforzar la exigibilidad de los derechos económicos y sociales y desarrollar una legislación que les otorgue un nivel de protección equivalente al de los derechos civiles y políticos.
También ha defendido que se exijan «los deberes humanos», es decir, la obligación de asistir a las personas víctimas de discriminación, a las personas refugiadas y desplazadas, y de proteger el medio ambiente.
Para Ángel Gabilondo, el «nuevo humanismo» debe sustentarse en la fraternidad, la solidaridad, el conocimiento y la ciencia, así como en la honradez, que es «la mejor política frente al abuso y la apropiación de lo que es común».
Ese nuevo humanismo defiende que el crecimiento económico solo tiene sentido cuando incorpora las necesidades sociales, ha subrayado.
El Defensor del Pueblo ha alertado de que el Estado de derecho se enfrenta a amenazas como las guerras, la polarización, la erosión de la confianza institucional, la desinformación y el debilitamiento del derecho internacional, así como a desafíos derivados de la inteligencia artificial, la vigilancia tecnológica o la brecha digital.
Pero para Gabilondo, esa complejidad del momento actual no puede servir de coartada para renunciar a la convivencia democrática, por lo que ha llamado a reforzar el proyecto europeo asentado sobre los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho.
Conceptos como la compasión, la hospitalidad, la gratuidad, la gratitud y la solidaridad «no son signos de debilidad», sino «expresiones de una humanidad profunda», necesarios para fortalecer la democracia y la convivencia, ha afirmado Ángel Gabilondo.
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