Santa Cruz de Tenerife, 23 feb (EFE).
– Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL) pone de relieve que el trabajo doméstico no remunerado desempeña un papel determinante en la predisposición religiosa de las personas en España, siendo especialmente marcado entre las mujeres, que constituyen la mayor parte de este colectivo.
La investigación, basada en más de 114.
000 entrevistas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) realizadas en 2024, revela que las personas que se dedican principalmente a este tipo de actividad presentan una probabilidad significativamente mayor de ser creyentes, según ha informado este lunes la ULL en un comunicado.
En estos casos, la brecha de género en religiosidad supera el 20 % a favor de las mujeres, ha detallado la universidad.
El estudio, publicado en la Revista Española de Sociología y realizado por Daniel Bianchi y Leopoldo Cabrera, del Departamento de Sociología y Antropología, y Felipe Rosa González, del Departamento de Matemáticas, Estadística e Investigación Operativa, subraya que aunque las mujeres presentan en términos generales una mayor probabilidad de declararse religiosas que los hombres, esta diferencia es moderada y muy dependiente del contexto social.
La relación entre género y religiosidad es la menos intensa de todas las variables analizadas, mientras que el nivel educativo, la ocupación, el tipo de actividad principal y la edad explican con mayor fuerza las diferencias observadas, agrega la nota.
Por nivel educativo, la brecha de género en religiosidad oscila desde apenas un 3,4 % a favor de mujeres con estudios superiores, hasta un 16,4 % entre aquellas que solo han cursado estudios secundarios de primer ciclo o inferiores.
En el ámbito laboral, las diferencias en devoción prácticamente desaparecen entre profesionales y directivos, mientras que se amplían entre las clases trabajadoras no cualificadas y entre quienes no realizan trabajo remunerado.
El patrón también varía por grupos de edad: la brecha de género se cierra e incluso se revierte entre jóvenes de 18 a 30 años, donde las mujeres son ligeramente menos religiosas que los hombres.
A partir de los 31 años, la diferencia vuelve a ser positiva a favor de las mujeres y se amplía progresivamente con la edad, alcanzando su máximo entre la población mayor de 65 años.
El estudio respalda la denominada hipótesis de la similitud de género, al subrayar que las diferencias en religiosidad son mayores entre personas de un mismo género que entre mujeres y hombres de posición social similar.
Así, mujeres y hombres con un nivel educativo u ocupación semejante tienden a mostrar niveles de religiosidad muy similares, mientras que las diferencias más acusadas se observan entre personas de distintos estratos sociales.
EFEbrr/acp