Las Palmas de Gran Canaria, 4 may (EFE).
– El complejo trance existencial y moral por el que debió pasar Juan Negrín en los días finales de la Segunda República Española se propondrá a la reflexión colectiva del público con la nueva obra ‘El último presidente’, que se presenta en estreno absoluto el viernes 8 de mayo en el teatro Pérez Galdós de su ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria.
El propio Pérez Galdós ha coproducido junto a las compañías Teatro La República y CREscénica este nuevo montaje, que ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de Agüimes y la Fundación Juan Negrín, según avanzan en un comunicado los responsables del recinto isleño.
En ‘El último presidente’, advierten, «lejos de la reconstrucción histórica al uso, la obra, escrita por Miguel Ángel Martínez y dirigida por Nacho Cabrera, se despliega como un viaje a la mente de Juan Negrín López en los días finales de la Segunda República».
Es un montaje en que, por ello, «la guerra no se ve directamente», pese a que «está presente en todo momento», y -precisa- «el exilio tampoco se plantea sólo como un traslado físico, sino como una experiencia personal profunda».
La experiencia «de alguien que ha dedicado su vida a un país que deja de existir», apostilla el texto.
La obra, según relata, «coloca al espectador en ese momento de quiebre» y «lo hace a través de la mente de un científico brillante y comprometido que se enfrenta a decisiones sin vuelta atrás en medio del derrumbe de un sistema político y moral».
Su director, Nacho Cabrera, ha explicado al respecto: «No buscamos un héroe de cartón piedra.
Nos interesa el hombre que resiste mientras todo se derrumba, el que intenta aplicar la razón en un mundo que ha renunciado a ella».
‘El último presidente’, en consecuencia, no propone una lectura cerrada de la figura de Negrín y tampoco pretende resolver los debates históricos que lo rodean, ya que «su objetivo es otro: desplazar la mirada sin buscar certezas, sino preguntas», añaden desde el Pérez Galdós.
Nacho Cabrera descarta intención alguna de ahondar en la memoria histórica, que «muchas veces se queda en el dato o en la consigna», mientras que, a su juicio, «el teatro permite ir más allá, situarse en el lugar de quien tuvo que decidir en circunstancias imposibles».
Episodios como la Guerra Civil, la gestión del Gobierno o el exilio no se presentan en la obra, acorde a ese planteamiento, como hitos cronológicos, sino como fracturas emocionales, «momentos en los que el personaje se enfrenta a los límites de su propia ética».
EFEcms/jmr