Las Palmas de Gran Canaria, 6 oct (EFE).
– Investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), junto al IEO-CSIC y la Universidad de Miami, han muestreado dos remolinos mesoescalares en aguas canarias, ambos al sur de El Hierro, para conocer cómo estas estructuras oceánicas afectan a la distribución de los microplásticos en el mar.
El problema que estos residuos representan está bien documentado en los ambientes costeros y superficiales, porque es donde más se ha concentrado el esfuerzo de muestreo, pero las aguas profundas están mucho menos estudiadas, según constató la ULPGC en un estudio anterior.
Los remolinos mesoescalares son enormes estructuras oceánicas verticales que giran sobre sí mismas, con diámetros que pueden alcanzar decenas e incluso centenares de kilómetros, y que se desplazan por el océano durante meses recorriendo largas distancias de cientos de kilómetros, indica la universidad en un comunicado.
Un tipo particular de remolinos son los llamados “remolinos coherentes”, aquellos que tienen una “pared” que el agua no atraviesa (el agua del exterior no penetra en el remolino, y la del interior no sale hacia fuera), según establece una teoría matemática que los autores emplearon en este estudio.
Los investigadores se preguntaron qué papel desempeñan estos remolinos en relación a los microplásticos, las partículas contaminantes de menos de 5 milímetros que están presentes en el medio natural, ya que los remolinos pueden atraer o expulsar objetos que flotan o están sumergidos, dependiendo de su tamaño, densidad y sentido del giro.
Se trataba por tanto de averiguar cómo se comportan los microplásticos en estas estructuras.
A bordo del buque oceanográfico Ángeles Alvariño, del Instituto Español de Oceanografía, los investigadores muestrearon dos remolinos, uno que giraba en sentido horario (anticiclónico) y otro en sentido antihorario (ciclónico), recogiendo agua de entre 50 y 1.
200 metros de profundidad; a esto se sumaron las observaciones vía satélite para determinar si los remolinos eran coherentes y sus características.
Los autores del trabajo hallaron que ambos remolinos concentraban en sus primeros 200 metros hasta tres veces más microplásticos que lo que se conocía en las aguas de la región, con las concentraciones más altas situadas junto al borde del remolino que funciona como barrera.
Y observaron otro dato interesante: los remolinos no acumulaban los mismos tipos de microplásticos.
El anticiclónico retenía sobre todo fragmentos de plástico y el ciclónico, fibras, algo que puede relacionarse con los teoremas de los remolinos coherentes.
Con esto, se puede afirmar que los remolinos no sólo ayudan a trasladar el plástico de un punto a otro del océano, sino que además lo redistribuyen “en vertical”, desde las aguas superficiales hasta el interior del océano.
Este estudio contribuye a evaluar el impacto real de los microplásticos en todo el ecosistema marino, a la vez que valida el uso de un teorema matemático, es decir, una formulación que en principio puede parecer abstracta, para dar respuesta a una pregunta muy concreta: ¿a dónde va el plástico que acaba en el mar?Éste es uno de los primeros estudios que contrasta con datos reales, y en profundidad, una teoría matemática que hasta ahora se había verificado sobre todo mediante simulaciones numéricas y medidas superficiales.
El resultado principal, que cada tipo de remolino retiene preferentemente un tipo distinto de partícula, aporta un mecanismo físico concreto para explicar cómo se distribuye el plástico bajo la superficie.
Para Canarias, una zona que combina una rica biodiversidad con una alta vulnerabilidad de su ecosistema marino, conocer cómo se distribuyen los microplásticos en el océano es relevante para la gestión ambiental y de los recursos pesqueros, así como para su conservación.
EFEas