Santa Cruz de Tenerife, 25 ago (EFE).
– Un estudio liderado por la Universidad de La Laguna (ULL) concluye que la distancia, el tráfico, la seguridad del trayecto y el esfuerzo físico, así como el peso de las mochilas, condicionan el desplazamiento activo a pie o en bici de los adolescentes al centro educativo, aunque las diferencias entre chicos y chicas son en general limitadas.
La investigación, publicada en ‘Journal of Transport & Health’ y encabezada por Romina Gisele Saucedo Araujo, del departamento de Didácticas Específicas de la ULL, analizó a 707 adolescentes de 19 centros de enseñanza secundaria de España, con una edad media de 14 años, ha informado este martes la ULL en una nota.
El 59,7 % de los participantes se desplazaba al centro educativo de forma activa, principalmente caminando, y los resultados muestran que chicos y chicas comparten en buena medida las barreras que dificultan estos trayectos.
La principal diferencia detectada fue que las adolescentes señalaban con mayor frecuencia el peso de la mochila como un obstáculo para ir andando o en bicicleta al instituto.
El estudio observa además que algunas barreras vinculadas a la seguridad y al esfuerzo físico tienen una relación más marcada con el desplazamiento pasivo entre las chicas.
Entre ellas figuran la falta de iluminación en las calles, la percepción de inseguridad o delincuencia y los recorridos con pendientes pronunciadas.
Los investigadores subrayan, no obstante, que las diferencias por sexo son limitadas y que factores como la distancia entre el domicilio y el centro, la comodidad del recorrido, el tráfico y las condiciones del entorno resultan determinantes para explicar por qué parte del alumnado no se desplaza caminando o en bicicleta.
A partir de estos resultados, el equipo plantea mejorar la seguridad real y percibida de los trayectos escolares mediante un refuerzo del alumbrado público, mejores infraestructuras peatonales y ciclistas, una reducción de los riesgos derivados del tráfico y medidas que atiendan las preocupaciones de las familias.
La investigación propone también reducir la carga física que soporta el alumnado mediante un mayor acceso a taquillas o la digitalización del material escolar, medidas que podrían tener un efecto especialmente relevante entre las alumnas.
La ULL destaca que el trayecto escolar puede realizarse hasta diez veces por semana, por lo que constituye una oportunidad para incrementar la actividad física diaria durante la adolescencia.
El equipo investigador añade que fomentar estos desplazamientos puede aportar también beneficios sociales y ambientales, al reducir el tráfico motorizado y las emisiones contaminantes, y recomienda incorporar criterios de seguridad y esfuerzo físico al diseño de las rutas escolares.
EFEcmg/jmor