Santa Cruz De Tenerife, 28 may (EFE).
– El profesor del Departamento de Psicología Clínica, Psicobiología y Metodología de la Universidad de La Laguna Iván Galtier lidera una investigación para comprender cómo afecta el maltrato durante las primeras etapas de la vida en el neurodesarrollo de niños y niñas.
Para ello la Universidad de La Laguna cuenta con un convenio con la Dirección General de Protección a la Infancia y las Familias del Gobierno de Canarias, y la investigación se plantea como una colaboración entre el ámbito de la investigación en neuropsicología y neurodesarrollo y el sistema público para la protección de estos menores.
Este proyecto se enfoca en el estudio de niños y niñas que han sufrido diferentes tipos de maltrato y han sido tutelados por el Gobierno de Canarias, analizando los efectos de estas experiencias en dos niveles, ha informado este miércoles el centro docente.
El objetivo es comprender más profundamente su situación para poder brindarles una atención más adecuada y efectiva y en primer lugar se lleva a cabo una extensa y detallada evaluación neuropsicológica, mediante tests que realizan los menores a lo largo de varios días para analizar distintas capacidades, como atención, memoria, razonamiento y funciones lingüísticas.
La neuropsicología estudia las funciones psicológicas superiores: funciones cognitivas, comportamentales y emocionales, y cómo éstas se relacionan con el funcionamiento cerebral.
Por ello la segunda fase del estudio consiste en un protocolo de resonancia magnética para medir cambios en el tejido cerebral de los niños y niñas.
Galtier matiza que con esto no se pretende identificar ningún tipo de alteración, sino analizar en qué medida determinadas áreas del cerebro se han podido desarrollar de manera diferente, asociadas a un historial de maltrato.
El convenio hace posible un estudio que es novedoso porque, si bien existe literatura científica respecto a cómo el maltrato puede influir en el desarrollo cerebral, la información acerca de cómo se traducen estos cambios en la evolución del sistema nervioso, la conducta y el comportamiento cotidiano, es escasa.
El investigador de la ULL señala especialmente la importancia de vincular ambos aspectos por un lado, analizando si los estudios de neuroimagen confirman la literatura anterior, y, por otro, ampliando este conocimiento mediante su integración con las evaluaciones neuropsicológicas.
Así, el estudio subraya la conveniencia de comprender cada caso de forma individualizada, estableciendo un contacto cercano con las familias y manteniéndolas informadas a lo largo del proceso.
Otro aspecto relevante para esta investigación es partir de una correcta definición de las situaciones de maltrato, o experiencias adversas en la infancia, que han atravesado los menores.
Los especialistas inciden en que esto abarca distintas formas de desprotección, desde la violencia hasta la negligencia a diversos niveles, como puede ser la falta de adecuada estimulación emocional o cognitiva.
El convenio es un primer paso para acceder a la información de la que dispone la administración y también para el acercamiento a las familias que han adoptado a estos niños y niñas y desde el planteamiento del proyecto, se estableció el criterio de que los participantes en este grupo experimental fueran menores ya adoptados.
Para Iván Galtier, era fundamental que los niños y niñas objeto del estudio contaran con unas condiciones de seguridad y estabilidad que les garantizaran un entorno seguro durante el proceso.
Además, aunque todos los participantes han pasado por el sistema de protección de menores tras ser declarados en situación de desamparo y han estado expuestos a experiencias negativas en la infancia, las condiciones vividas pueden variar significativamente entre ellos.
El proyecto se concibe inicialmente para cuatro años (2022-2026), si bien la intención es poder prorrogarlo para posibilitar así una investigación a largo plazo, basada en seguimientos periódicos de los participantes.
El objetivo es convertirlo en un estudio evolutivo que permita medir diversas variables en los participantes desde su infancia hasta su transición a la adultez, con el fin de “comprender mejor su desarrollo no desde una perspectiva puntual, sino evolutiva”, apunta Galtier.
El equipo a cargo del proyecto valora la alta implicación de las familias en el grupo experimental, al que se han sumado 60 niños y niñas, además de otros 40 que colaboran como grupo de control.
Tanto las familias adoptivas como las instituciones muestran un claro interés por entender mejor las posibles consecuencias del maltrato en el desarrollo de estos menores y por saber cómo ofrecerles un apoyo más específico y eficaz, añade el centro docente.
Además de aportar información relevante para mejorar la atención a corto plazo, se espera que el proyecto contribuya al avance del conocimiento en este ámbito, generando evidencia que pueda traducirse en mejoras en las políticas y actuaciones administrativas a medio y largo plazo.
EFEasd/brr