Las Palmas de Gran Canaria, 3 jul (EFE).
– Un estudio de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) ha identificado los factores ambientales y geomorfológicos que regulan la distribución de los corales negros en Canarias y en montes submarinos cercanos, lo que ha permitido hacer el primer mapa integral sobre su localización.
La investigación, realizada por el Grupo de Biodiversidad y Conservación (Biocon) del Instituto Universitario de Investigación en Acuicultura Sostenible y Ecosistemas Marinos (Ecoaqua) y publicada en la revista científica ‘Progress in Oceanography’, concluye que estos organismos, capaces de formar bosques animales en zonas mesofóticas y profundas, no se distribuyen al azar.
Responden a variables como la profundidad, el tipo de fondo, la pendiente submarina, la velocidad de las corrientes y la localización dentro del gradiente insular canario, según ha explicado este viernes en un comunicado la ULPGC.
El estudio confirma, además, que la distribución de los corales negros varía entre los distintos grupos insulares: las islas orientales y centrales registran una mayor frecuencia de algunas especies en comparación con las occidentales, una diferencia que los investigadores atribuyen al gradiente oceanográfico y geomorfológico del archipiélago.
La investigación recopila datos obtenidos durante más de dos décadas mediante buceo científico, cámaras remolcadas y vehículos operados remotamente, que han permitido reunir más de 6.
500 registros de presencia y ausencia de corales negros en 144 localidades situadas entre aguas someras y profundidades cercanas a los 1.
000 metros.
Enclave estratégico de biodiversidad marinaLos corales negros, también conocidos como antipatharios, son organismos coloniales emparentados con las anémonas y las medusas y se caracterizan por un esqueleto oscuro, flexible y espinoso.
Los investigadores destacan que desempeñan un papel ecológico esencial como ingenieros ecosistémicos, ya que generan refugio, alimento y zonas de cría para numerosas especies marinas.
El estudio identificó once taxones de corales negros pertenecientes a seis familias, un hallazgo que, según los autores, confirma la elevada riqueza de estos organismos en Canarias y refuerza el papel del archipiélago como un punto clave de biodiversidad marina entre las regiones atlántica y mediterránea.
El investigador principal del estudio, Francisco Otero-Ferrer, ha explicado que este trabajo «permite entender mejor por qué algunas especies de coral negro aparecen en determinadas profundidades o tipos de fondo, mientras que otras ocupan ambientes completamente distintos».
Principales condicionantes: Profundidad y sustratoLos resultados muestran que la profundidad y el tipo de sustrato son los principales factores que condicionan la distribución de las especies más comunes -prefiriendo unas zonas más profundas y otras zonas relativamente someras-, pero también influyen otros como las corrientes, la inclinación del fondo y la disponibilidad de alimento.
Según Otero-Ferrer, «Canarias funciona como un laboratorio natural excepcional» debido a la diversidad de hábitats generada por la combinación de islas antiguas y jóvenes, plataformas insulares amplias y fondos abruptos, zonas influenciadas por el afloramiento africano y áreas más oceánicas.
Vulnerables a la pesca de fondo y la basuraLos autores recuerdan que los corales negros son organismos longevos, de crecimiento lento y especialmente vulnerables a impactos como la pesca de fondo, la basura marina, la minería submarina y cualquier actividad que altere los fondos oceánicos.
En este contexto, el estudio proporciona una base científica para mejorar la planificación espacial marina, la evaluación de impactos y el diseño de futuras medidas de conservación.
«Conocer los factores que regulan la distribución de los corales negros nos ayuda a predecir dónde pueden encontrarse estos hábitats, incluso en zonas todavía poco exploradas», señala Otero-Ferrer.
El trabajo ha sido liderado por investigadores del Instituto ECOAQUA de la ULPGC en colaboración con Oceana, el Museo de Historia Natural de Tournai (Bélgica), el instituto LECOB del Observatorio Oceanológico de Banyuls-sur-Mer (Francia), la Universidad de Génova (Italia), el consorcio Under The Pole y otros especialistas internacionales.
EFEmrgz/pcr