Santa Cruz de Tenerife, 14 jul (EFE).
– El profesor Sociología de la Universidad de La Laguna, Leopoldo Cabrera, ha alertado de que el sistema educativo no compensa las diferencias sociales de origen, muchas veces las reproduce, al tiempo que ha señalado que aunque ahora es más fácil entrar a la universidad que hace treinta años, las probabilidades de acceso siguen estando cuatro veces a favor de los estudiantes de clase alta frente a los de clase baja.
Leopoldo Cabrera, que ha dedicado décadas al estudio de las desigualdades educativas, ha lamentado que aunque la educación es la herramienta más poderosa para transformar vidas, no todas las personas tienen las mismas oportunidades para aprovecharla.
El sociólogo ha pedido «no caer en la trampa del igualitarismo aparente» y ha señalado que la estructura social pesa mucho antes de llegar al aula de examen, según ha informado la Universidad de La Laguna en un comunicado.
«No es lo mismo estudiar en Madrid que en Canarias.
No es lo mismo nacer en una familia con estudios universitarios que en una con abandono escolar”, ha afirmado.
El sociólogo ha destacado que, en comunidades como Canarias, las tasas de escolarización en Bachillerato son más bajas.
“Aquí, quienes llegan a la PAU ya han superado una criba previa.
Son menos, pero están más seleccionados.
El problema es estructural, no del alumnado”, ha aclarado.
Uno de los problemas: Escasez de plazas en las titulaciones más demandadasUno de los problemas que el experto ha identificado es la escasez de plazas en las titulaciones más demandadas, como las de ciencias de la salud.
“La universidad pública tiene recursos limitados.
No podemos ampliar la oferta sin planificación.
La solución pasa por decisiones políticas sobre financiación y estrategia educativa”, ha opinado.
Además ha cuestionado la idea de que la educación privada sea sinónimo de mayor calidad.
“Cuando llega la hora de entrar en Medicina, las familias quieren la pública.
Porque es más competitiva, tiene más prestigio.
En ese nivel, la meritocracia real se impone”, ha asegurado, pues «puedes heredar la renta, pero no puedes heredar la nota del MIR”.
Más allá del nivel económico o del centro educativo, Cabrera ha apuntado a otros factores menos visibles que impactan profundamente en la trayectoria académica.
Uno de ellos es el mes de nacimiento.
“Está comprobado que los niños nacidos en el último trimestre del año rinden peor y tienen más probabilidades de repetir curso, ha indicado.
A su juicio, es un sesgo del propio sistema, «no una falta de capacidad.
Otro elemento determinante es el acceso a actividades complementarias.
“Las familias con más recursos pueden pagar clases de refuerzo, idiomas o deportes, que funcionan como impulsores académicos.
Pero la educación pública debería ser suficiente por sí sola para ofrecer igualdad real”.
En su análisis, Cabrera ha destacado el papel de las madres, especialmente en hogares monoparentales.
“Cuando una madre tiene estudios universitarios y trabaja, su implicación en la educación de sus hijos es mayor que la del padre», situación «clave» en Canarias, donde hay más hogares monomarentales que la media nacional.
También ha denunciado las brechas de género persistentes.
“Las chicas sacan mejores notas, pero siguen rindiendo menos en matemáticas.
Los chicos, al contrario, flojean en lengua.
No es una cuestión biológica: en los test de inteligencia, ambos sexos obtienen resultados similares.
El problema está en los sesgos educativos y las expectativas sociales”, ha agregado.
Ascensor socialEl sociólogo ha sido tajante al señalar que la educación sigue siendo el camino más realista para ascender socialmente, aunque no el único.
“La lotería o el deporte de élite son vías posibles, pero improbables.
La educación tiene una tasa de éxito más razonable, aunque tampoco es garantía”, ha aclarado.
Sin embargo, ha avisado de que incluso los hijos o hijas de familias privilegiadas pueden perder estatus.
“Una familia en el percentil 95 de renta no puede esperar que sus hijos suban más: como mucho, pueden mantenerlo.
Y el 20% no lo logra.
Esto no es determinismo, es probabilidad social”, ha señalado.
Cabrera ha cuestionado la idea de que solo la universidad lleva al éxito.
“No está bien que un padre llame fracasado a su hijo por no ir a la universidad.
Hay oficios técnicos igual de dignos y rentables.
El valor social no está solo en los títulos, sino en cómo se perciben las profesiones”.
Asimismo, ha recordado que el objetivo del sistema educativo no debe ser solo económico.
“Tenemos que entusiasmar al alumnado con el conocimiento, no prometerle un sueldo.
Leer, entender el mundo, participar en la sociedad… eso también es éxito”.
Para Cabrera, la responsabilidad no recae solo en las políticas públicas.
“Necesitamos una implicación real del profesorado, de las familias, de toda la comunidad.
En Canarias hace falta ese esfuerzo colectivo.
Y debe empezar desde la primaria, no cuando el fracaso ya está instalado en la secundaria”, ha esgrimido.
La solución, ha concluido, pasa por una estrategia educativa de largo plazo: “La escuela puede transformar vidas, pero no puede hacerlo sola.
El talento no debería depender del código postal ni del mes de nacimiento.
La igualdad de oportunidades no es una declaración de principios, es una tarea pendiente”.
EFEbrr/acp