Santa Cruz de Tenerife, 22 abr (EFE).
– Un grupo de investigadores del departamento de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna (ULL) plantea darle una segunda vida a la cal como recurso industrial y artístico, además de sostenible.
Durante cuatro años, el equipo investigador, liderado por la catedrática de Escultura Isabel Sánchez Bonilla, ha sondeado las posibilidades de la cal obtenida en sedimentos acumulados en las galerías de agua en Tenerife.
Y han llegado a la conclusión de que puede ser de gran utilidad, pues se trata de un recurso natural que ofrece múltiples ventajas en cuanto a sostenibilidad medioambiental debido a su desarrollo cíclico.
A diferencia de otros materiales, como el cemento o plásticos, su transformación y uso permiten que vuelva a su estado original mediante un proceso reversible, lo que reduce en gran medida su impacto medioambiental.
“Es un material absolutamente reciclable”, explica la coordinadora de la investigación en declaraciones recogidas por la Universidad de La Laguna.
El punto de partida de esta investigación no fue una cantera sino el interior de las galerías de agua de Tenerife donde, durante décadas, se han ido acumulando sedimentos calcáreos que actualmente son considerados desechos sin utilidad.
A través de un proceso controlado, estas piedras se convierten en una pasta de cal que se puede utilizar y almacenar sin que pierda sus propiedades, y es capaz de endurecerse de nuevo, aunque el proceso varía según el tipo que sea.
La de tipo aérea fragua lentamente al contacto con el dióxido de carbono y la hidráulica se endurece por hidratación y es más resistente, como el cemento.
El equipo de investigación ha trabajado principalmente con cales aéreas obtenidas por el paso del agua por el subsuelo volcánico de la isla y es esta procedencia lo que las hace tan especiales.
En todos los casos, al analizarlas, se ha obtenido más de un 90% de pureza, lo que es extraordinario, incide la ULL.
Esta pureza excepcional ha sido certificada en varias muestras enviadas a TESELA, centro de investigación de materiales, innovación y patrimonio en Granada.
Las cales extraídas de lugares como Arico, Santiago del Teide o Guía de Isora no solo destacan por su calidad, sino también por una riqueza cromática y de textura que varía según la zona geográfica, como si llevaran una huella de su paisaje.
Algunas mantienen el blanco característico que se asocia a este compuesto, pero otras presentan matices cálidos, tostados o grisáceos, destacan los investigadores.
El hecho de que provengan de un sedimento que hasta ahora era desechado multiplica su valor desde una perspectiva de sostenibilidad y economía circular.
“Se trata de una materia que nace de manera espontánea en nuestro paisaje” y que ha demostrado ser valiosa, abundante y propia, recalca el grupo de investigación Arte y Entorno.
Una parte importante del proyecto fue la construcción de morteros formados por pasta de cal y áridos locales volcánicos, como picón rojo y negro o jable.
Estos morteros de cal son ideales para relieves, esgrafiados y acabados decorativos y se pueden observar en las esculturas incluidas en una exposición itinerante ‘La cal en Canarias.
Entorno, sostenibilidad y creatividad’, actualmente de escala en Fasnia y que antes se exhibió en La Laguna.
Isabel Sánchez Bonilla explica cómo la cal ofrece una alternativa natural a muchas pinturas plásticas y revestimientos industriales gracias a las mezclas obtenidas con diferentes tipos de áridos.
Esta combinación permite crear acabados cromáticos útiles y capaces de adaptarse a la estética de cada entorno.
A diferencia de los recubrimientos sintéticos, estas superficies elaboradas con cal transpiran, regulan la humedad y reflejan la luz.
Las propiedades del material al absorber dióxido de carbono del aire y volver a calcificarse permiten reparar pequeñas fisuras o grietas de forma natural.
Más allá de lo artístico, sus características particulares abren oportunidades en sectores industriales como la construcción y la arquitectura sostenible al ofrecer un recurso local, eficiente y con bajo impacto ambiental.
Y a todo ello se suma el potencial turístico vinculado al patrimonio natural y geológico de las islas.
En apenas unos años, las aguas subterráneas como las de Canarias serían capaces de formar paisajes minerales emblemáticos como Pamukkale, en Turquía, sostienen los investigadores.
Actualmente existe un lugar visible de esta transformación natural en Lomo Morrín, en Los Silos.
A pesar de todas estas propiedades, la producción de cal de calidad es casi inexistente en España.
El único ejemplo destacado es el de Morón de la Frontera, en Sevilla, donde aún se elaboran cales artesanales reconocidas por su pureza y durabilidad, incluso declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Integran el equipo investigador Tomás Oropesa Hernández, Mauricio Pérez Jiménez, Francisco Javier Viña Rodríguez, Juan Antonio Álvarez Rodríguez y Attenya Campos de Armas, quienes han trabajado durante estos cuatro años con financiación de la Fundación CajaCanarias.
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