La vegetación y los incendios de Gran Canaria respondieron a cambios climáticos pasados

Santa Cruz de Tenerife, 3 nov (EFE).

– La vegetación y los regímenes de incendios de Gran Canaria han mostrado históricamente una gran sensibilidad a los cambios climáticos regionales y globales, según un estudio internacional que reconstruye los últimos 28.

000 años de historia ambiental de la isla y confirma cómo los ecosistemas insulares respondieron a grandes transiciones climáticas.

El trabajo, liderado por la doctoranda de la Universidad de La Laguna (ULL) Pilar Martín Ramos y publicado en la revista científica Quaternary Science Reviews, se basa en el análisis de los sedimentos de la Vega de Arucas y constituye uno de los registros paleoecológicos más largos obtenidos hasta la fecha en el archipiélago canario.

Según ha informado este lunes la ULL en un comunicado, los resultados permiten comprender cómo reaccionaron los paisajes canarios ante los cambios del clima en el pasado, un conocimiento que, según Martín Ramos, “es esencial para anticipar cómo podrían transformarse frente al actual cambio climático de origen humano”.

Además, la investigación aporta una base científica para orientar la gestión y conservación de los ecosistemas insulares en un contexto de creciente presión ambiental.

En el estudio han participado investigadores de las universidades de La Laguna, Las Palmas de Gran Canaria, Autónoma de Barcelona y del Laboratorio de Ecología a Largo Plazo Manaaki Whenua de Lincoln (Nueva Zelanda).

El equipo aplicó un enfoque multianalítico que combina diferentes indicadores ambientales, entre ellos el análisis de carbón microscópico para estimar la frecuencia de incendios, el estudio del polen fósil y de otros microrestos biológicos para reconstruir la vegetación, y la sedimentología para identificar los cambios en la composición de los materiales depositados.

Por primera vez en Canarias, se han utilizado los brGDGTs (branched glycerol dialkyl glycerol tetraethers), compuestos orgánicos sensibles a la temperatura, junto con modelos climáticos basados en polen fósil, lo que permitió estimar la temperatura, la precipitación y la humedad relativa del aire en diferentes épocas.

Los resultados muestran una evolución ambiental marcada por grandes transiciones, agrega la nota.

Antes del Último Máximo Glacial (entre 28.

000 y 26.

000 años antes del presente), las zonas bajas de Gran Canaria estaban cubiertas por laurisilva, un tipo de bosque húmedo asociado a condiciones templadas y una baja frecuencia de incendios.

Durante ese período glaciar, la laurisilva fue sustituida por pinares secos, reflejo de temperaturas más frías y una notable reducción de la humedad, acompañada por un incremento de la actividad del fuego.

Con la desglaciación, se produjo un cambio hacia un clima más cálido y variable que favoreció la expansión de bosques termófilos, con especies como sabinas y palmeras, junto a un aumento de los incendios.

En el Holoceno (los últimos 11.

700 años), aunque la conservación del polen fue limitada, los registros de carbón confirman que los incendios siguieron desempeñando un papel relevante en la dinámica del paisaje.

El estudio concluye que tanto la vegetación como los regímenes de fuego en Canarias han sido altamente sensibles a las variaciones climáticas y que los ecosistemas del archipiélago responden de forma directa a las oscilaciones del clima, lo que aporta información clave sobre su capacidad de resiliencia frente a las condiciones futuras.

“Los resultados refuerzan la idea de que la historia ambiental de Canarias está profundamente vinculada a los cambios climáticos globales”, señala Martín Ramos, quien subraya que este tipo de investigaciones “ayudan a comprender los mecanismos de adaptación de los ecosistemas insulares y a diseñar estrategias de conservación más eficaces ante el calentamiento global”.

EFEbrr/acp